¿Qué aprendizajes se desarrollan en las redes de mejoramiento educativo?

Columna de : Sandra Zepeda Aguirre

Jefa de Proyecto “Buenas prácticas de gestión en redes: aprendiendo de las Redes de Mejoramiento Escolar”

Durante el presente año hemos desarrollado una investigación denominada “Buenas prácticas de gestión en redes: aprendiendo de las Redes de Mejoramiento Escolar”. Este proyecto cuenta con un enfoque colaborativo y busca describir y analizar las buenas prácticas generadas en las redes a partir de una muestra de 10 casos distribuidos en las regiones II, IV, VII, IX, RM.

A partir de la investigación se caracterizarán los procesos y dinámicas a la base de las buenas prácticas en gestión de redes, otorgándole el protagonismo a la perspectiva de los actores que desarrollan estas Redes de Mejoramiento Educativo en un contexto específico, indagando particularmente en aspectos como: ¿Cómo las redes resuelven las dificultades a las que se han enfrentado?, ¿Qué aprendizajes han desarrollado la red y sus miembros?, ¿Cómo se organizan cuáles son sus principales procesos de trabajo?, ¿Cómo se transfiere el aprendizaje generado en las redes a cada uno de los colegios, entre sus miembros y en el aula?

Se incorpora la noción de capital profesional como un aspecto central para profundizar en la aproximación desde los aprendizajes de los actores participantes en las redes. El capital profesional, entendido como los “Recursos con que cuentan los profesionales y los docentes para generar una calidad óptima de enseñanza y aprendizajes estudiantiles” (Hargreaves y Shirley, 2012), y es abordado desde el análisis de tres aspectos clave:
Capital humano: para un profesional del ámbito educativo este tipo de capital incluye el talento individual, las destrezas, el conocimiento, la empatía, la pasión, la confianza, el carisma y el liderazgo. Esta forma de capital reside fundamentalmente en la persona.
Capital social: abarca las relaciones entre las personas y se expresa en las características y atributos de los vínculos entre ellos, brindando acceso a los recursos y apoyo para el cambio.
Capital decisorio: reside tanto dentro del individuo como entre las personas, en la medida que los profesionales de la educación y las comunidades, en forma individual y colectiva, procuran tomar decisiones adecuadas en situaciones complejas.

Son estos tres aspectos del capital profesional los que caracterizan los principales aprendizajes generados en las redes. El interés del equipo de investigación ha sido ejemplificar cómo los capitales humano, social, decisional se materializan y hacen carne en el trabajo de los actores tanto en la propia red de mejoramiento educativo como en sus colegios.

Tanto los datos cuantitativos como cualitativos recogidos refuerzan la idea que el trabajo en las redes de mejoramiento es favorecido por el intercambio de experiencias entre los participantes, principalmente respecto de la gestión pedagógica e institucional, circulando el conocimiento técnico entre sus miembros, lo que indica que este es un proceso recíproco de dar y recibir.

Un segundo elemento recogido en la fase empírica del estudio da cuenta de la valoración de la participación conjunta en las redes de duplas de directores/as y jefes/as de UTP de cada establecimiento, e incluso de nuevos actores como los encargados convivencia escolar e inspectores.

Respecto a este segundo elemento, la evidencia teórica señala que la diversidad de opiniones e ideas dentro de una red generaría una dinámica que favorece la cooperación y generación de conocimiento entre sus miembros (Diaz-Gibson, Civís Zaragoza, Daly, Longás Mayayo y Riera Romani, 2016; Leithwood & Azah, 2016). Bajo esta línea argumentativa el funcionamiento de las redes dependería de la participación, relaciones y confianza que los agentes mantienen a lo largo del tiempo (Diaz-Gibson et al. 2016; Hadfield & Chapman, 2009; Rincón-Gallardo y Fullan, 2016).

La investigación sobre redes destaca como otro elemento clave la confianza (Daly & Finnigan, 2012; Feys & Devos, 2015; Spillane, Hopkins & Sweet, 2015). Se sostiene que bajos niveles de confianza pueden poner en riesgo la capacidad de la red para generar cambios, enfrentar desafíos y lograr los objetivos que se proponen (Katz & Earl, 2010; Rincón-Gallardo y Fullan, 2016; Townsend, 2015).

Por ello es necesario que las redes de mejoramiento educativo sean espacios para compartir no sólo experiencias exitosas, sino también para que los participantes puedan expresar y debatir sobre sus diferencias, de modo de encontrar distintas formas para abordar problemas comunes, y con ello, atreverse a compartir sus fracasos a fin de aprender de sus errores e incrementar su capital decisional.