Nuevas instituciones para fomentar el liderazgo educativo

Columna de : José Weinstein

Director Centro de Desarrollo de Liderazgo Educativo

Un equipo conformado por las universidades Diego Portales, Alberto Hurtado, de Talca y Católica de Temuco, con cooperación de la universidad estatal de California, Berkeley, fue seleccionado para instalar, en los próximos cuatro años, uno de los dos nuevos Centros de Liderazgo Escolar. Así nace el Centro de Desarrollo del Liderazgo Educativo (CEDLE), que cuenta con cuatro líneas principales de acción que están siendo impulsadas colaborativamente por más de 30 académicos de las mencionadas casas de estudios superiores.

La década pasada en distintos sistemas escolares del planeta, como Inglaterra, Canadá o Australia, se dio origen a nuevos centros para fomentar el liderazgo entre algunos actores claves: como los actuales directivos de los establecimientos escolares y los docentes que aspiraban a ocupar esas estratégicas posiciones en el futuro. La emergencia de estas nuevas instituciones fue impulsada directamente por los respectivos gobiernos, que les brindaron recursos suficientes para asegurar su instalación y funcionamiento. Tras esta medida había al menos dos constataciones en juego: la fuerte incidencia, demostrada con creces por la investigación, del liderazgo directivo en la capacidad de lograr sistemas escolares con mayor calidad y equidad, así como  la necesidad de renovar la anquilosada formación y de ampliar el escaso apoyo que habían recibido tradicionalmente los directivos escolares. En suma, se constataba que dar un nuevo impulso institucional al liderazgo directivo, actual y futuro, podía ser beneficioso para el sistema en su conjunto.

Una reflexión similar ha llevado al Ministerio de Educación chileno a invitar a instituciones universitarias, que ya tenían un trabajo previo relevante en materia de liderazgo educativo, a constituir centros especializados en esta temática. Así, en julio del año pasado se realizó una licitación abierta en que se solicitaba a grupos de universidades nacionales, en los cuales se debían incluir instituciones ubicadas fuera de la Región Metropolitana, a presentar propuestas para fomentar el liderazgo directivo –las que debían incluir necesariamente los ámbitos de investigación, formación e innovación, y que también debían incluir, junto a los directivos escolares, a líderes de niveles intermedios del sistema. Un equipo conformado por las universidades Diego Portales, Alberto Hurtado, de Talca y Católica de Temuco, con cooperación de la universidad estatal de California, Berkeley, fue seleccionado para instalar, en los próximos cuatro años, uno de los dos nuevos Centros de Liderazgo Escolar.

Así nace el Centro de Desarrollo del Liderazgo Educativo (CEDLE), que cuenta con cuatro líneas principales de acción que están siendo impulsadas colaborativamente por más de 30 académicos de las mencionadas casas de estudios superiores. La primera refiere al ámbito de la investigación y las políticas, debiéndose generar nuevo conocimiento que permita una mejor toma de decisiones públicas en materias referidas al liderazgo. Se inició con cinco investigaciones sobre diversas temáticas de interés (desde la sistematización y monitoreo de buenas experiencias de liderazgo educativo a nivel municipal hasta la creación de estándares para orientar la acción directiva en establecimientos de la educación media técnico-profesional) y mantendrá una encuesta anual que permitirá ir monitoreando ámbitos de políticas en que interesa especialmente la opinión de los líderes escolares. Una segunda línea se refiere al diseño e implementación de innovaciones relevantes para cualificar  el trabajo de los directivos escolares. En este sentido es que se trabajará en la inducción y mentoría de los directores y directoras principiantes,  se buscará experimentar metodologías que permitan convertir las recientemente creadas Redes de Mejoramiento Escolar en verdaderas comunidades de aprendizaje entre directivos de un mismo territorio, y se elaboraran herramientas virtuales de planificación y gestión escolar a la que los directivos podrán acceder libremente. Una tercera línea apunta a la formación y a la generación de programas y experiencias formativas de grupos que han sido escasamente atendidos o que abordan temáticas emergentes que, en la actualidad escolar, requieren de ser enfrentadas. Es así como se pondrá en marcha un programa para formar a potenciales directivos de los futuros servicios locales de educación (los organismos que, según la ley que se tramita en el Congreso, debieran reemplazar a los municipios en la gestión local de la educación pública), se creará un programa para hacer que directivos experimentados se conviertan en “líderes sistémicos” (capaces de transferir su experiencia y conocimientos a otros directivos escolares), y se apoyará técnicamente a los responsables del tema de convivencia en un grupo significativo de establecimientos subvencionados. Por último, la cuarta línea pretende apoyar la construcción de capacidades formativas para el liderazgo escolar en algunas regiones de Chile donde existe una oferta formativa muy menguada o bien directamente no existe. Para lograr que esta transferencia sea sostenible en el tiempo se harán alianzas y se trabajará colaborativamente con universidades de esas mismas regiones, las que, con el tiempo, abrirán oportunidades formativas para los líderes educativos locales. Adicionalmente, CEDLE impulsará el debate informado sobre el liderazgo escolar, mediante seminarios nacionales e internacionales, cuadernos técnicos y libros, así como generando iniciativas que alienten la reflexión colectiva de los propios directivos escolares, una voz escasamente escuchada en el Chile de hoy.

La creación de estos nuevos centros pretende ser una contribución para potenciar el liderazgo directivo escolar, y por nuestra parte pondremos todo nuestro empeño y capacidades para que ello así ocurra. Sin embargo, estos centros no reemplazan la necesidad de contar propiamente con una política al respecto, que se haga cargo de temas mayores tales como la falta de una carrera directiva –distinguiendo etapas en el ejercicio del rol directivo-,  la precariedad de la regulación pública de la calidad de la oferta formativa actualmente existente, o la inexistencia de un sistema de evaluación del desempeño directivo.