Mejores líderes en las escuelas, más calidad educativa

Columna de : Ariel Ramos

Investigador de Política Educativa de Educación 2020.

La historia del fútbol o de otros deportes de equipo ha evidenciado que, por más estrellas que tenga un plantel, sin un buen cuerpo técnico es difícil que se logren buenos resultados. Quizás esta metáfora sea la más explicativa a la hora de mostrar la relevancia de un buen liderazgo directivo en las escuelas: se puede tener a los mejores profesores y la mejor infraestructura, pero si el equipo líder no es bueno, es poco probable que los resultados sí logren serlo.

La literatura al respecto señala que el liderazgo directivo es el segundo factor dentro de la escuela que más incide en la calidad de los aprendizajes, sólo después de los y las docentes. Pese a esto, actualmente no existe una política articulada que responda a las necesidades reales de los equipos.

Ciertamente, el país ha implementado iniciativas orientadas al fortalecimiento del trabajo directivo, entre las que se cuenta: programas de formación, incorporación de concursabilidad, y creación y actualización de diversos marcos de actuación para directores. Pero seamos claros: esto está lejos de ser un sistema de desarrollo profesional para personas que se desempeñen en cargos directivos, donde se reconozca los distintos niveles de experiencia de los directivos, se asegure el acceso a mejores sueldos y se vele por que los más experimentados asuman roles de formación y acompañamiento a directores noveles.

La buena noticia es que existe un acuerdo transversal respecto a que el liderazgo directivo debe ser prioridad. Así al menos lo dio a entender el Gobierno en su última Cuenta Pública, donde anunció su intención de atraer a mejores directores a las escuelas más vulnerables. Además, el tema también ha sido levantado con fuerza por los profesores y profesoras, que incluyeron este punto como parte de las demandas que sustentan el actual paro docente.

Pero, ¿cómo avanzar en este tema? Nos parece fundamental que se aborde como parte de una política país que contemple a todo el sistema escolar y al equipo directivo en su conjunto. En este sentido, el año pasado desde Educación 2020 publicamos una propuesta que propone tres aspectos esenciales de una carrera directiva escolar.

Primero, tener un responsable del sistema, que supervise el proceso de selección. Desde el año 2011 los directores de escuelas públicas deben ser electos por Alta Dirección Pública, pero un 34% de estos cargos no ha sido elegido así y 31 municipios se han negado a realizar concursos; por otro lado, se requiere continuidad en los procesos de elección, no puede ser que por cada proceso se parta de cero. Segundo, es fundamental entregar una oferta de programas acorde a las necesidades de los equipos directivos, con etapas según su experiencia. Finalmente, para atraer a postulantes con más talento se debe entregar apoyo e incentivos adecuados a la experiencia y responsabilidades, manteniendo la motivación a lo largo de la carrera.

El avance que hemos logrado con la Carrera Docente nos ha mostrado que necesitamos desarrollar políticas de largo plazo en educación. Es por esto que, tras el Sistema de Desarrollo Profesional Docente, creemos que hoy es hora de que el siguiente paso sea el fortalecimiento del liderazgo directivo, piedra angular del desarrollo en los sistemas educativos más avanzados del mundo.