Liderazgo en escuelas de segunda oportunidad

Columna de : Cristóbal Madero

University of California, Berkeley

En Chile son miles los niños y jóvenes que han quedado fuera del sistema escolar. La exclusión de la que han sido víctimas se debe a múltiples factores en al ámbito de la política pública, la vida familiar, y por sobre todo a la pobreza en la que viven. Como bien lo ha dicho la Fundación Súmate del Hogar de Cristo, nacer y crecer en pobreza es la primera causa detrás de esta situación de exclusión. La solución a este problema país está condicionada en el largo plazo a generar un sistema educativo cuyo centro sea la inclusión y la integración de cualquier niño y niña. En el corto y mediano plazo, la solución está en seguir creando y ofreciendo la oportunidad de una segunda experiencia escolar para todas y todos quienes han visto alterada su trayectoria educacional. Seguir creando más y mejores escuelas o aulas de reingreso, es un imperativo para Chile.

Sin embargo, la creación de una escuela o un aula de este tipo, y la necesaria subvención especial que estas necesitan, caería en saco roto de no contar con un cuerpo docente y con un equipo directivo que cuente con un tipo adecuado de preparación, ajustado a la realidad de esas escuelas y aulas. No podemos pensar que a la o al directivo que integra los equipos de liderazgo en estas escuelas, puede cumplir su rol sin algún tipo formación que lo acerque a escuelas que demandan atributos y formación especial, y esto pues una escuela de reingreso tiene características especiales, y particularmente, características de inclusión especiales.

Si bien, no desde el punto de vista de los principios, pero si desde una perspectiva práctica, la inclusión significa algo distinto en una escuela que se desempeña en un contexto de alta vulnerabilidad con estudiantes que no han visto alterada su trayectoria escolar, que cuando se trata de una escuela en la cual todas y todos los estudiantes han vivido el quiebre de la trayectoria escolar por periodos prolongados. Esto tiene un impacto cognitivo, pero también a nivel psicológico. Son niños, niñas, y jóvenes a quienes la sociedad ha maltratado. Una directiva o un directivo que decide trabajar en un tipo de escuela de estas características debe no solo tener, idealmente una experiencia en este tipo de establecimientos educacionales como docente, sino formarse para acompañar comunidades que hasta el momento han sido acompañadas por solo un puñado de líderes educativos en Chile. Son comunidades donde las ideas, dispositivos, y estrategias de mejora que se han instalado en el sistema educativo chileno no necesariamente funcionan, y en ese sentido también desafían la formación de la o del directivo que han sido formados para la escuela tipo.

Si Chile decide avanzar en incluir a las y los jóvenes más excluidos del sistema educativo, no puede avanzar en esto si no es pensando en como se formará y acompañará a las y a los directivos. De avanzar Chile en una carrera directiva, debe incluir, por justicia, pero también por un sentido técnico, las distinción de quienes servirán profesionalmente en este tipo de escuelas.