Liderando en la complejidad del contexto escolar chileno

Columna de : Gonzalo Muñoz

Jefe del proyecto “Formación de directivos en Chile y efectos en sus prácticas: hacia un modelo de evaluación del desarrollo de capacidades en los líderes escolares”

El estallido social que hemos vivido en nuestro país interpela fuertemente al sistema escolar chileno y sus políticas. Y si bien esta crisis supera con creces los límites de lo que la educación puede hacer, es también evidente que los esfuerzos que el país ha realizado para mejorar su sistema educativo y ponerlo al servicio de una sociedad justa y cohesionada no han sido fructíferos. A pesar de los múltiples avances, las reformas estructurales recientes y la significativa mejora de las condiciones en las que opera, la educación en Chile sigue reproduciendo las desigualdades de origen y, lo más importante, no logra satisfacer las expectativas ni conectar con los anhelos de la gran mayoría de sus ciudadanos. De acuerdo con toda la evidencia y experiencia internacional, revertir esta situación supone mejores políticas, normativas y recursos, pero también de un impulso de cambio y mejora en la base del sistema. La calidad de la educación, en un sentido amplio y comprensivo, se juega finalmente en la escuela y sus aulas.

Sabemos también, como ha demostrado toda la investigación internacional, pero también la evidencia recopilada por CEDLE para Chile en estos últimos cuatro años, que no es posible mejorar la calidad de nuestras escuelas y liceos sin un liderazgo escolar fuerte, que se ejerza de cara a la docencia y con foco en su desarrollo profesional, que distribuya capacidades y responsabilidades, que sea sensible al contexto sociocultural en el que se encuentra, que genere confianza en la comunidad educativa en su conjunto, entre varias otras características. El norte de los líderes, plantean además los marcos de actuación existentes, debe ser el aprendizaje de los estudiantes y por tanto su reto más importante es constituirse en líderes pedagógicos.

CEDLE ha dado a conocer recientemente los primeros resultados de la encuesta nacional “Prácticas de Liderazgo Educativo en Chile: trayectoria de 10 años”, en la que se estudió la realidad de cerca de 400 centros educativos de todas las dependencias, entrevistando a sus directores, jefes de utp y una muestra de 5 profesores por establecimiento (lo que da un total de 2.000 profesores y profesoras que opinaron sobre sus líderes). El foco de este estudio son las prácticas de liderazgo de directores y jefes de UTP, para lo cual se utiliza un marco conceptual y empírico validado nacional e internacionalmente. El trabajo en terreno fue desarrollado entre los meses de mayo y octubre del 2019, terminando solo algunos días antes del estallido social. Un instrumento muy similar se aplicó durante el segundo semestre del año 2009, lo que permite tener una primera perspectiva longitudinal del trabajo de los directivos en nuestro país.

Los primeros resultados de esta encuesta confirman varias cosas que ya sabíamos desde el año 2009: los docentes en general tienen una visión positiva sobre el liderazgo de los directores y jefes de UTP, y las prácticas de liderazgo asociadas a lo que en general se conoce como “liderazgo transformacional” son las mejor evaluadas por los docentes, mientras que

el “liderazgo pedagógico” o instruccional es, igual que hace 10 años, la dimensión más débil de la gestión de los directores, según lo que observan los profesores y profesoras. Hemos confirmado también que las directoras mujeres despliegan prácticas de liderazgo que son mejor evaluadas que sus pares hombres, así como también que la dependencia de los centros y la categoría de desempeño de las escuelas no hace una diferencia muy significativa en estas prácticas. Probablemente el resultado más relevante de los primeros análisis realizados es que, después de 10 años, desde la perspectiva de los profesores, los directivos no desarrollan mejores prácticas de liderazgo educativo e incluso pueden apreciarse algunos retrocesos (en el ámbito de la gestión pedagógica), a pesar de todos los esfuerzos formativos y de política realizados en el último tiempo.

Si bien se trata de resultados preliminares que requieren ser analizados en profundidad en los próximos meses, otra dimensión abordada en el estudio será clave para entender la trayectoria que ha seguido el liderazgo escolar en nuestro país: la contingencia y complejidad de la función directiva en Chile. Al respecto, la evidencia recopilada permite cuantificar, de manera inédita en esta escala para nuestro país, cuánto tiempo y preocupación de los directores de escuela demandan un conjunto de situaciones emergentes, que en general la perspectiva normativa sobre prácticas de liderazgo no aborda. Los resultados son decidores en la línea de confirmar algo que varios estudios cualitativos del propio CEDLE y la experiencia concreta de muchas instituciones ya venían alertando: la complejidad de la función directiva ha ido aumentando drásticamente en el último tiempo y la dedicación de los líderes a la gestión de dicha complejidad (expresada sobre todo en la resolución de conflictos de distinto tipo y con diversos actores y en la atención a situaciones emergentes y no planificadas) configura hoy un escenario que está afectando directamente los márgenes de acción de los líderes, que debemos investigar en mayor profundidad y abordar también desde las políticas y la preparación de los líderes.

Comprender y analizar el liderazgo escolar desde la perspectiva de la complejidad de tareas y relaciones que hoy enfrentan los directivos (muchas de ellas completamente impredecibles) es un desafío complementario y en alguna medida una condición para potenciar el liderazgo para el aprendizaje. Solamente de esa manera podremos desarrollar alternativas de apoyo y formación pertinentes para quienes conducen las instituciones escolares. Solamente de esa manera, además, podremos establecer con mayor claridad cuáles debieran ser las prioridades de la dirección escolar en Chile y las condiciones que urgentemente debieran desarrollarse para estos fines. Esta mirada, creemos, es fundamental para el presente y futuro de la educación chilena, sobre todo en un contexto donde ella está experimentando la tensión de nuevas preguntas y demandas propias de un cambio de ciclo que, todos esperamos, lleve a la sociedad chilena a un mejor estadio de desarrollo y bienestar para sus ciudadanos.