Directivos escolares trabajando en red: ¿Una moda más?

Columna de : Fernando Maureira

Jefe de proyecto "Formación de Líderes sistémicos para la Nueva Educación pública chilena"

Trabajar en redes en el mundo escolar, efectivamente “está de moda”, la que obedece a múltiples motivos, algunos de ellos, a nuestro juicio más que atendibles y poderosos. En primer término a una cierta cercanía con el fenómeno global de la redes sociales, que si bien no se encuentran en el mismo registro, pero hace que la palabra red sea empleada con mucha más cotidianeidad y cercanía, pero de manera mucho más significativa, el empleo de las redes en el mundo escolar se debe a la utilidad que potencialmente le pueden brindar al enfrentamiento de los actuales elevados desafíos de la educación chilena y global. Se debe brindar especial atención al desafío que se ha propuesto a los directivos de los establecimientos educacionales en la tarea del desarrollo de las redes escolares, dado que es a ellos a quienes les ha correspondido, en general, encabezarlas.

Los últimos cinco años en nuestro país han sido ricos en el fomento y desarrollo de iniciativas de trabajos en redes escolares, pero también y de forma paralela han sido muy abundantes en indagaciones y estudios respecto de sus potencialidades conceptuales, así como también de su efectivo impacto entre sus participantes, sobre todo gracias al trabajo desplegado por los centros de desarrollo del liderazgo (CEDLE y Líderes Educativos). Por lo que el desempeño en red no solo ha sido un intento de implementar un buen deseo, sino un proceso que ha contado con un correlato empírico y su respectiva indagación que nos permite afirmar la valía del trabajo en redes educativas.

Entre los desafíos que hoy se imponen con sistematicidad a los establecimientos educacionales y sus directivos, se cuenta la búsqueda del mejoramiento educativo permanente, la demanda del incremento de la profesionalización docente y, de forma complementaria a las anteriores, la expectativa por la efectiva transformación de prácticas educativas, tanto a nivel de la escuela completa como de cada una de las aulas. Es decir, se trata de una búsqueda mucho más explícita por mejorar los procesos, en lugar de buscar primariamente el incremento de resultados y rendimientos, como han estado abocados muchos estados del mundo hasta hace pocos años. Por cierto, que la búsqueda de los resultados sigue estando muy presente desde el Estado y la sociedad, pero ahora convive con la exigencia por la mejora de los procesos educativos.

En los últimos años se ha estado motivando el desarrollo del trabajo en redes escolares de distinto alcance y motivaciones, como organizaciones que pueden encaminar su acción y reflexión al abordaje de los desafíos del mejoramiento continuo, la profesionalización docente y directiva y el perfeccionamiento de prácticas docentes de aula y de escuela. La razón fundamental de esta tendencia es que resulta difícil imaginar que cada escuela o liceo y sus directivos asuman a cabalidad y de manera aislada estos desafíos, aún contando con algún tipo apoyo externo para enfrentar estas complejas tareas.

La opción de laborar con otros establecimientos educacionales mediante un trabajo de red de sus directivos, que pretenda lograr colaboración y cooperación respecto de ciertas temáticas claves, por cierto no resulta una tarea fácil. Primeramente, este trabajo significa romper con la idea de la competencia como eje rector del mejoramiento educativo, la que implica la pretensión de destacarse entre los otros establecimientos para con ello incrementar su prestigio y con ello elevar su matrícula, a esta altura del desarrollo de nuestro sistema educativo, el trabajo en redes escolares implica la ruptura de una verdadera pauta cultural, que fue una de las directrices de la construcción de nuestro sistema escolar en plena dictadura. Cambiar  la pauta de competencia por una de colaboración en redes debería tender a incrementar las probabilidades de éxito de los procesos de mejoramiento escolar complejos y sustentables que se emprendan en cada una de las unidades educativas que la componen.

En una red escolar es posible esperar la generación de espacios de confianza mutua, en los cuales se pueden fraguar ideas, identificar, transar o permutar recursos, realizar análisis, compartir y discutir estrategias de evaluación y sus resultados a nivel de aprendizajes y de proyectos educativos, también se pueden convertir en espacios donde se puedan aprovechar para proyectar iniciativas que tengan directa incidencia en los procesos de mejora y que a su vez sean sustentables. El mismo funcionamiento y participación en la red son aportes a la sustentabilidad, porque permite contar con un contexto amigable y útil para los procesos de cambio que deben llevar adelante los establecimientos educacionales con el objetivo de elevar la calidad y equidad de sus procesos y sus resultados. Así también se le está dando una connotación distinta al “contexto”, un contexto que asume el carácter de nutriente de la tarea de los establecimientos que componen la red. Contexto al cual tradicionalmente las planificaciones escolares se refieren de forma ambigua o derechamente amenazante, se trata de un medio ambiente en el cual se pueden encontrar ideas, consejos, estrategias y recursos, que les pueden ser de utilidad a sus socios.

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